
La iglesia parroquial de Añe se localiza en una de las entradas del pueblo, y esta dedicada a San Juan Bautista. Es un sencillo y a la vez digno edificio cuya más
antigua fábrica de ladrillo fue construida en época gótico mudéjar, de cuyo tiempo conserva un buen arco hornacina apuntado, sobre el que se instala la
espadaña, también de ladrillo. Ya en tiempos barrocos el templo fue muy reformado, correspondiendo a este estilo artístico mucho de lo que allí veamos
Se trata de un edificio de planta rectangular, rematada por una cubierta de madera y tejado a cuatro aguas. Sus muros están enfoscados. La puerta de acceso está orientada hacia poniente. En el interior se encuentra un pequeño púlpito a la derecha de la cabecera y un retablo barroco con un Cristo en su centro. En el exterior se encuentra el camposanto del pueblo.
Alamedas y miles de árboles conforman uno de los rincones privilegiados de Añe. Es el soto o fresneda, el lugar más bello de esta localidad que durante decenios
estuvo amenazado y condenado a la desaparición por el proyecto, ya descartado, para construir el conocido como pantano de Bernardos. Árboles que comienzan su
vida y otros centenarios conviven en este espacio en el que se pueden apreciar ejemplares singulares forjados con el paso de los años y elegidos por numerosos
animales como hábitat. También fauna acuática convive en este rincón de Añe, bañado por el río Moros, y elegido por muchos visitantes para pasear por este pueblo por el que incluso pasa una de las rutas del Camino de Santiago.
El río Moros tiene gran riqueza natural, que queda expresada en la presencia de patos, cigüeñas de diversas especies, búhos reales, buitres e incluso lobos, cuya presencia se ha convertido en algo poco inusual de un tiempo a esta parte; seguramente desde que abrieron el paso que comunica los Picos de Europa con Castilla.


